No recuerdan los baldios sus huellas, ni sus suelas los pasillos de hospital, en realidad pocos supieron su nombre. Y es que esta vez, las historias no se dieron fuera, ocurrieron dentro, donde nadie se atrevio a mirar.
Un pequeño cuarto de la calle Hope, es cuartel de guerra, intriga y salvacion del anciano Sr. Darger. Sus municiones, las 1300 bolas de mecate que enrolla y desenrolla al entablar ruidosas platicas con aquellos que no estuvieron. De vecino tiene a un chico de flacas patas que intrigado mira bajo la puerta, solo es el anciano fingiendo compania.
Por la manana asiste a misa, luego de ello, recorre las calles en busca de latas que pueda vender y al poco rato regresa al mismo banco de iglesia. En secreto pide por las "Chicas Vivian", las 7 pequenas que viven por su pincel. Al morir el viejo, su casero encontro en la habitación mas de 15mil hojas escritas a maquina con la desventura epica de unas chiquillas en un mundo de adultos. Cada pasaje lo ilustra con acuarelas, cientos de ellas pintadas en el mismo papel que los carniceros usan al envolver destaces. Son rubias, de rostro exquisito, aparecen desnudas y en vez de vagina les cuelga pequeño pene.
Las escenas son gore: destripadas, estranguladas, acuchilladas... tal vez por ello su presencia en cuanta misa ocurre; pide sean salvadas. Decidio en su soledad crear su propio mundo; poco importa el que sucede fuera, valen mas los secretos aberrados que esas paredes cierran.
John McGregor (estudioso del caso Darger) concluye que su personalidad es un tanto psicotica, e insinua que algunas de las desapariciones de chicas de ese entonces puedan atribuirse al anciano; tal es el caso de Elsie Paroubek, una nina estrangulada. Entre los archivos Darger, se encuentran fotos de ella y recortes de diarios ademas del asombroso parecido que guarda con la heroína de sus pinturas. No hay suficiente evidencia que confirme el hecho, pero una cosa es clara, Darger a traves de sus relatos desahoga su desquicie.
“About nearly 56,789 children were literally cut up like a butcher does a calf, after being strangled or slain, in all ways, indeed the sights of the bloody windrows [sic], with their intestines exposed or gushed out, was a sight that no one could bear to witness without losing their reason”.
Henry Darger, Realms of the Unreal.
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