epic 2
Lo que pasó luego es facil imaginar. Wyda esperaba a Brad, en la copa del sauce, en una de las ramas que altivas se extienden por encima del río.

Se escuchó el rugir de la moto, el silencio, y las pisadas del chico hasta trepar. Brad tiene miedo a las alturas, no se trata de una fobia, pero en realidad prefiere siempre tener una plática a nivel suelo, es lo normal, ¿no? Pero esta vez, trepó y se descolgó hasta una de las ramas paralelas donde el anciano se anidaba.
Brad habló del letrero, del tráfico lento, de sus pensamientos y de lo raro que fue mirar su reflejo a mitad de la calle. Dijo haber quedado largo rato frente a sí, dudando si era él mismo o se trataba de alguien más. Dijo sentirse desconcertado, helado y contento. Wyda sonríe, lo mira, reconoce en el chico de rodillas raspadas a un Elohim despierto.

"...y es que ¿cómo saberle? le suponemos tanto que si un dia pasara a nuestro lado no le reconoceríamos. ¿Qué tal si dios no es uno con rayos, ni sabio, ni extremo compasivo?, ¿qué si dios es un tipo moto buscando encajar, o el tipo de mechas rojas y bolsa papel con su pueblo dentro?, ¿qué si dios es el cartero agobiado por llevar los buenos mensajes, o la señora de los muffins que al hacerlos piensa en bendiciones para todos?, ¿por qué no un chico desesperado por crecer o un pianista al que no le salen bien las notas?, ¿Y si dios es un skato, o uno bobo con tatuajes en los brazos que ahora mismo come helado, pinta, raya, grita, mea; uno que no tiene idéa de cómo hacer una fracción, que explota en carcajada, que mira, observa, se enamora, pierde, falla, extraña, imagina o apedrea ventanas. ¿Qué si dios tiene brackets o pecas, o es una mujer con culo perfecto pero tetas desinfladas? ¿Qué si dios no vive en el cielo, sino en casa de suburbio? ¿Qué si dios es un teenager con gallos en voz y hormonas a tiro o un viejito que necio trepa su bicicleta y... ¡Wyda, tu eres dios!"

Se escuchó el rugir de la moto, el silencio, y las pisadas del chico hasta trepar. Brad tiene miedo a las alturas, no se trata de una fobia, pero en realidad prefiere siempre tener una plática a nivel suelo, es lo normal, ¿no? Pero esta vez, trepó y se descolgó hasta una de las ramas paralelas donde el anciano se anidaba.
Brad habló del letrero, del tráfico lento, de sus pensamientos y de lo raro que fue mirar su reflejo a mitad de la calle. Dijo haber quedado largo rato frente a sí, dudando si era él mismo o se trataba de alguien más. Dijo sentirse desconcertado, helado y contento. Wyda sonríe, lo mira, reconoce en el chico de rodillas raspadas a un Elohim despierto.

"...y es que ¿cómo saberle? le suponemos tanto que si un dia pasara a nuestro lado no le reconoceríamos. ¿Qué tal si dios no es uno con rayos, ni sabio, ni extremo compasivo?, ¿qué si dios es un tipo moto buscando encajar, o el tipo de mechas rojas y bolsa papel con su pueblo dentro?, ¿qué si dios es el cartero agobiado por llevar los buenos mensajes, o la señora de los muffins que al hacerlos piensa en bendiciones para todos?, ¿por qué no un chico desesperado por crecer o un pianista al que no le salen bien las notas?, ¿Y si dios es un skato, o uno bobo con tatuajes en los brazos que ahora mismo come helado, pinta, raya, grita, mea; uno que no tiene idéa de cómo hacer una fracción, que explota en carcajada, que mira, observa, se enamora, pierde, falla, extraña, imagina o apedrea ventanas. ¿Qué si dios tiene brackets o pecas, o es una mujer con culo perfecto pero tetas desinfladas? ¿Qué si dios no vive en el cielo, sino en casa de suburbio? ¿Qué si dios es un teenager con gallos en voz y hormonas a tiro o un viejito que necio trepa su bicicleta y... ¡Wyda, tu eres dios!"
epic
Brad consiguió una moto usada en perfecta condición. No es de carreras, es de mamón. Llantas anchas, cuello cromo, cuerpo granito, sillón de piel, tanque espejo y un escape rompemadres. Carga sus aviadores, casco intergaláctico, sidious guantes y en su ipod enredados bytes de música grunge.

Andar en bicicleta sin las ruedas extras, ni los cuidos de alguien, es el primer signo de madurez, has dejado de ser bobalico; te sientes libre, completo... el mundo parece encoger. Pero andar en moto, dominar lo veloz y estallar los pistones, es una emoción turbo-exponenciada.
Las revoluciones ceden en ciudad, aprovecha entonces para ser mirado, las chicas giran la vista y sonríen sólo por saberlo cerca. En dos cuadras más y de forma inexplicable un camión que transporta espejos dejará de funcionar en el cruce de dos calles.
Pero ahora mismo, Brad se detiene en el semáforo con Maine y mira el nuevo billboard que gente en overol azul ha colocado: "¿Cómo supones que es dios?". Brad sonríe, le divierte saber que dios ha necesitado a un publicista: "...Sus puntos caen... Debiera en todo caso jubilarse dejar uno nuevo, uno en moto con con vales gasolina, sin tiempo de llegada y sleeping para quedar donde de la gana".
La bocina de un coche suena, Brad se marcha en su monstruo metal: "Definitivo dios no es el colesterolado Buddha, ni el guiñapo en cruz y mucho menos esos exóticos dioses de India con cabezas de reptil. Dios debe ser un cristo con jeans y tenis raspas, que ahora mismo ignora su destino y esta pensando en formas nuevas de pajearse al llegar a casa".

El tráfico se complica pero Brad avanza, se cuela por pasillos de autos y bocinas que anuncian su llegada. Frente a sí, el sol rebota en un espejo, cierra sus ojos y al abrirlos poco luego, mira el reflejo de un cristo adolescente con aviadores y casco intergaláctico que lo mira directo.

Andar en bicicleta sin las ruedas extras, ni los cuidos de alguien, es el primer signo de madurez, has dejado de ser bobalico; te sientes libre, completo... el mundo parece encoger. Pero andar en moto, dominar lo veloz y estallar los pistones, es una emoción turbo-exponenciada.
Las revoluciones ceden en ciudad, aprovecha entonces para ser mirado, las chicas giran la vista y sonríen sólo por saberlo cerca. En dos cuadras más y de forma inexplicable un camión que transporta espejos dejará de funcionar en el cruce de dos calles.
Pero ahora mismo, Brad se detiene en el semáforo con Maine y mira el nuevo billboard que gente en overol azul ha colocado: "¿Cómo supones que es dios?". Brad sonríe, le divierte saber que dios ha necesitado a un publicista: "...Sus puntos caen... Debiera en todo caso jubilarse dejar uno nuevo, uno en moto con con vales gasolina, sin tiempo de llegada y sleeping para quedar donde de la gana".
La bocina de un coche suena, Brad se marcha en su monstruo metal: "Definitivo dios no es el colesterolado Buddha, ni el guiñapo en cruz y mucho menos esos exóticos dioses de India con cabezas de reptil. Dios debe ser un cristo con jeans y tenis raspas, que ahora mismo ignora su destino y esta pensando en formas nuevas de pajearse al llegar a casa".

El tráfico se complica pero Brad avanza, se cuela por pasillos de autos y bocinas que anuncian su llegada. Frente a sí, el sol rebota en un espejo, cierra sus ojos y al abrirlos poco luego, mira el reflejo de un cristo adolescente con aviadores y casco intergaláctico que lo mira directo.
Inspiración
Sortear los pleitos de calle y esconderse no es el mejor lugar para crecer, sin embargo para algunos, resulta mejor que hacerlo en casa.

Cuando no hubo más remedio que hacer de casa su cuartel, Brad bajo su cama, dibujó mundos alternos. Hay quien guarda los pueblos de su infancia en bolsas-papel, pero Brad en cambio, hizo crecer bajo su almohada, bajo el colchón, en las tablas madera, universos de pincel, de lápices color, de trazos redondos e historias secretas para escapar.
Cuando Brad llegó a casa de los Miller traía una mochila con apenas 4 boxers, 6 playeras, una sudadera azul y un gordo cuaderno a punto de rendirse por cargar tantos significados disfrazados de acuarela.
Hoy Brad carga con un cuaderno nuevo y lápices cómplices con los que ha aprendido a dibujar los cuentos del anciano. Pero hay ocasiones en que nada sucede, que los rayones no ocurren al papel. Brad revisa entonces los dibujos viejos, se sorprende, se emociona, los huele despacio, cierra sus ojos...
Inspirar, dicen, es respirar a Dios. Sucede entonces que de ese modo Brad se inspira. Su nariz lo guia y respira el pasto, la sonrisa de Vodka, a Ende en biblioteca, al sol que se cuela en ramas, el quemado olor de las ruedas bicicleta, el durazno y la pera, el shampoo fruta de Mariana, la risa de los gemelos Miller, el incienso, el café tostado, el pan horneado, las mañanas de almohada, el vuelo del cardenal, las palabras que sonrojan, la tierra mojada, la lluvia, el encuentro de viejos amigos, las azules babas, la manzana verde y el amor que sucede secreto. Inhala grosero hasta hasta crecer sus pulmones y vuelve a pintar, a dibujar, los trazos se giran, se conectan, se encuentran, se tropiezan, se huelen, se enredan, se muerden, se quedan por siempre.

Han pasado 3 años desde que tropezó con Wyda y recuerda aún la forma de presentarse extraña: la carta y el cartero oportuno, el desayuno de ese jueves, y las manchas pintura en sus únicos jeans al comenzar a trabajar ahí. Tal vez las cosas sí pasan por algo, todo aquello que en un momento maldijo, que rabioso rebentó a golpes, hoy, son garabatos en cuadernos olvidados y boleto de entrada al mundo que ahora resuelve.
Wyda trepado en un árbol ha seguido necio el olor de la pelusa que anuncia el invierno. Brad tirado en el pasto, huele de la noche, las estrellas que se mueven.

Cuando no hubo más remedio que hacer de casa su cuartel, Brad bajo su cama, dibujó mundos alternos. Hay quien guarda los pueblos de su infancia en bolsas-papel, pero Brad en cambio, hizo crecer bajo su almohada, bajo el colchón, en las tablas madera, universos de pincel, de lápices color, de trazos redondos e historias secretas para escapar.
Cuando Brad llegó a casa de los Miller traía una mochila con apenas 4 boxers, 6 playeras, una sudadera azul y un gordo cuaderno a punto de rendirse por cargar tantos significados disfrazados de acuarela.
Hoy Brad carga con un cuaderno nuevo y lápices cómplices con los que ha aprendido a dibujar los cuentos del anciano. Pero hay ocasiones en que nada sucede, que los rayones no ocurren al papel. Brad revisa entonces los dibujos viejos, se sorprende, se emociona, los huele despacio, cierra sus ojos...
Inspirar, dicen, es respirar a Dios. Sucede entonces que de ese modo Brad se inspira. Su nariz lo guia y respira el pasto, la sonrisa de Vodka, a Ende en biblioteca, al sol que se cuela en ramas, el quemado olor de las ruedas bicicleta, el durazno y la pera, el shampoo fruta de Mariana, la risa de los gemelos Miller, el incienso, el café tostado, el pan horneado, las mañanas de almohada, el vuelo del cardenal, las palabras que sonrojan, la tierra mojada, la lluvia, el encuentro de viejos amigos, las azules babas, la manzana verde y el amor que sucede secreto. Inhala grosero hasta hasta crecer sus pulmones y vuelve a pintar, a dibujar, los trazos se giran, se conectan, se encuentran, se tropiezan, se huelen, se enredan, se muerden, se quedan por siempre.

Han pasado 3 años desde que tropezó con Wyda y recuerda aún la forma de presentarse extraña: la carta y el cartero oportuno, el desayuno de ese jueves, y las manchas pintura en sus únicos jeans al comenzar a trabajar ahí. Tal vez las cosas sí pasan por algo, todo aquello que en un momento maldijo, que rabioso rebentó a golpes, hoy, son garabatos en cuadernos olvidados y boleto de entrada al mundo que ahora resuelve.
Wyda trepado en un árbol ha seguido necio el olor de la pelusa que anuncia el invierno. Brad tirado en el pasto, huele de la noche, las estrellas que se mueven.
Temptation
Hay algo mágico en ellos.
No es el smell de menta, ni los ojos que pelan por mis bobos trucos centaveros, no es tampoco su risa descosida, ni su bum-bum caramelo, nah, ni idéa!
No es el smell de menta, ni los ojos que pelan por mis bobos trucos centaveros, no es tampoco su risa descosida, ni su bum-bum caramelo, nah, ni idéa!
Croac...

Las palabras nunca me interesaron, solo fueron los suspensivos, aquellos dicen más, pero solo para quien sabe escuchar. Para quien hace colocar su oido en el corazón de otro y entre sístole y diástole escucha una historia ocurrir. Bum-bum...bum. Cuando esta se acaba, sucede un paro, una pequeña muerte. Pero luego de rato, de necear el olvido, de tallarse en arrabal, el corazón de cuajo late embrutecido. bum... bum...
Que bobada la de entregar el corazón en bolsa que facil se olvida en la línea del metro o en silla de bar. Que bobada soltarlo y buscar de reemplazo un sapo charquero aburrido en el tórax. Croac...croac... Un corazón que ya no late, que a trompicones reacciona y a sálpicos de lodo y babas náuseas se relaciona. Croac...croac...
Que bobada perder el corazón y que más bobada cuidar mascota de sticky lenguón. Si alguien ha visto un corazón hecho jirones... pase de largo, no le quiero dentro, de poco sirve un hilacho romancero sin ganas de crecer/creer. Déjelo en lata, a fogones en bóiler, en el tanque w, o en pared clavado igual que animales caza.
No Bum-bum.
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