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Jorge se quedó pegado al matasellos de una carta maple enviada lejos, Daniel en las marcas redondas que sudan los vasos malibú... el otro en cambio se anidó e hizo crecer de sus manos las raices (cuidando siempre que sus pies no tocaran nunca el suelo), finos hilos que salieron de sus dedos enredándolo todo. Los peones como ratas comenzaron a correr.



Jorge, agazapado en uno de esos viejos sauces, sacudiendo tras la lluvia sus ramas para hacer llover interminable. Daniel en trance bajo farolas neón, sin mucho argumento salvo hielos de color. El otro en cambio riendo que da miedo, la reina en descuido perdió la silla, las torres se estremecen, los alfiles sacan-pelan los dientes.

Jorge nunca aprendió hacer origami, ni cantar canciones melosas para regalar, pero sigue soñando en cubrirse de nieve con armónica en mano. Daniel... Daniel se pierde, quisiera rescatarle. El otro en cambio sacó la gillette y rebanó los pescuezos que debía. Nadie quedó, ja,ja,ja,ja.... No hubieron pistas, no hubieron huellas, solo hubo risa, mucha risa!
-pero algo falta...





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Not in service.

Doesn´t matter how hard I try -que tampoco es tanto- I just can´t cuddle en un sillón mas ancho que largo. Y es que ahora mismo solo rio, rio por las travesuras, la malevosía que enreda mis días, el drama de otros y la paciencia que he tenido para ver las cosas caer justo donde deben. Me divierto, pero eso no es nuevo...


No es Jorge, tampoco Daniel, es Sigler de pera y menta, de risa chabacana.

Alive

Tal vez el silencio, los olores, las letras todas que suceden contenidas.


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Año paladar

Tras andar a gatas y tropiezos, el siguiente fue un año más benigno, donde cada encuentro y sucedencia ocurrió tras el paladar.

Lejos de las necedades que mis ojos vieron o las grilletes-palabras atadas al cuello, fue mi lengua que ha libado de cada historia su sabor. La razón quedó amarrada con verdes agujetas a un libro deshojado Kant y me dejé llevar por mis papilas caprichosas sin intentar filosofar, adivinar o razonar eventos.

Concuerdo, tener la razón te hace importante a los ojos de otros. Puedes entonces reclamar espacio en los cajones de intelecto, hacer de plomo tu voz, ser ecuchado y esperado para hablar; te conviertes en verdad. Pero conmigo la razón no va, prefiero ser incorrecto, ser tachado de mentira y libertad, sin atarme a expectativas, ni a respuestas dignas. Más me importa seguir embarrando mis huellas de miel, sembrar en el patio los finales-libros que resisto leer o llenar de dulces mis bolsillos. Ni al caso ponderar la razón sobre mi risa insolente, que no es suficiente moneda para dar a cambio -de mis días- la alegría.

Soy pirata desrazonado, con olfato y paladar en mano para entender y significar cada encuentro, manía y tropiezo, los olor-sabores-golosinas fueron mi verdad, consejo y guía. Comencé con lo salado y cada grano fue en mi boca: ola rebentando, fue espuma y purga del tinto sabor que la uva dejó en mi labios. Aún así, el pensamiento más largo, no cesó de regresar y a esos ojos de veneno mis glóbulos vencieron, no pudieron más agarrarse a mis neuronas y cayeron hasta confundirse en las contracciónes del tracto intestinal. Ante parasitarias las formas de un amor incompleto, fueron mis jugos y las noches de desvelo haciendo frente a sus embustes. No dramático, pero si gástrico el éxodo de licorizados fantasmas desmembrados que ahora maman del desagúe su sustento. Bum-bum, el corazón latió de nuevo, y tras la guerra, la recuperación.


No hubo juicio entonces, no estrategia o trampa, solo gozo por saber, probar y re-probar los placeres de mi lengua peregrina. Gira el mundo diferente, no me alcanzan sus desbarros. El rosario de bocados recetados por el topo, de sabor arena y montaña sagrada, hicieron calmos los tropiezos y por encima prevaleció la calma y curiosidad por un nuevo placer. De potaje frambuesa el ritual de mañana, labios-manchas violetas y la emoción que en mi manos queda tras los palmos parietales; de menta fueron las señales, de canela coincidencias, chamoy los chispazos creativos, las pintas salsa tamarindo, las alianzas moccha, pistache las bobadas, los viernes malibú, las tardes cloradas y las noches de leche azul.

Garganta sin fondo, insaciable, hambrienta, pronto encontró los crímenes de trufa que suave se disuelven y nadie percata, pero también el exotismo de cocteles caos. Me bebí, contrario a lo que mis ojos dijeron, un espíritu de gran nobleza, no hubo prejuicio solo extravío y sabores raspas de pasto y lodo, de sudores obvios y hormonas en deseo resueltas.


Mi piel dejó de ser cobija nerval para hacer nacer en cada poro garganta ciega que lame la entrelana de sus dedos plata. Sabores de lenguas largas amarradas a las miles mías y por cada connección: colores, aromas, sonidos, formas y texturas. El festín de los sentidos sobre el intelecto que perece: ombligo melba, rayadura de talón, limonada la mirada, labio albaricoque, mentoladas las gastadas suelas, tibias las bisagras y un apéndice escarlata reactivo a mis respiros.

En el refri nada, ni resevas doggy bags o costras escurridas de sabores seasonales. En el año paladar le dije "sí" a cuanto sucedió, sin las trampas de intelecto por calificar de bueno o malo, las cosas solo pasan y ya. Y en este "pasar", me he dejado absorber por sus sabores, ser parte de este flujo de historias y confiar en que algo mucho más grande que yo, sabe perfecto por qué hace las cosas. Entre suceso y suceso me enredo y bueno... me divierto.

Strings

Las cosas suceden raras pero creer en ello o no, es pérdida de tiempo, ni al caso a detenerse en la razón o el funcionamiento lógico, solo sucede y ya. Un tropiezo, un número mal marcado, un coche sin frenos, una foto perdida, un boleto de viaje, una coca en el Oxxo, la sala de un chat, un perro que ladra, piscina pistache, una risa torcida o libro de autor.


Brad mira el cielo, comienza a conectar las personas, relaciones, palabras, susurros, escritos, la sirena de helados, los niños que corren, el vuelo de cardenal, el caramelo tutsie en labios, las nubes-formas y los colores encendidos. Todo esta conectado, nada sucede aisalado. No hay antes, no hay después, todo sucede ahora.

Estira su brazo y con sus ojos cerrados imagina tocar invisibles tonadas de un piano de bar, toca también la humedad, la oscuridad, el olor, el calor, la sonrisa, el suspiro y cosquilla. Imagina tocar y toca, acaricia de viento la frente Wyda, mamá y los muffins de china. Se cuela su tacto a la orilla del tiempo y abraza en secreto su mundo secreto.
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