twinkle, twinkle little star...

El miedo se siente en la piel, de pies a cabeza se eriza cada pulgada, no quieres ver, moverte o respirar. Han pasado apenas un par de semanas y parecieran mas de 100. Wyda ve a su mama y piensa en lo vieja que se mira, de paja su cabello, labios partidos y ojos sin luz, eso le duele y algo en su corazon le dice que el tampoco es mas un nino.

El campamento es cuartel enterrado en las paredes de una vieja escuela. Las mesas y los bancos sirven de hoguera, los salones de almacen y en los patios quedan las casas de lona que sudan miedo y verguenza. Corre el rumor que pronto sera peor, Wyda poco sabe, tan solo tirita de frio en los brazos de mama. El invierno cuchilla la piel, sucede poco aquello que suponen sol, la noche comienza a partir de las 15. Lento el tiempo se desdobla, solo se escuchan las botas de los alemanes triturar la nieve, el zumbar de los bulbos de luz y el canto suave de mama.

Con sus dedos flacos sostiene cual escudo el cuaderno de los buenos actos. Cierra sus ojos. Suspira, desea sentir tibieza en su piel, oler sabanas recien lavadas, clavar sus dientes al pan horneado, saltar sobre su cama, hacer volar aviones de papel, subir a los hombros de papa. Es curioso como el miedo se hace a un lado cuando hay algo que deseas, poco importa lo bobo que ello sea, siempre el miedo se retrae. La calma en el rostro de Wyda contrasta con la pena de los otros.

El pequeno imagina a su papa trepado en la bicicleta. Desde la reja lo llama, agita sus brazos, le saluda. Un soldado Aleman le mira, alerta a los otros y se acercan encanonando su metralla. Wyda se espanta, tiembla su corazon, pero su papa sonrie, le guina un ojo y de una bolsa de papel saca piedrecillas grises, las muestra. Los Alemanes lo miran extranado, se burlan y justo cuando estan dispuestos a disparar, su papa lanza las piedras; estas se convierten en mofetas mal-olientes y molestas. Los soldados aterrados corren pero inevitable escapar de tales bichos! Wyda y su papa rien, rien mucho, rien siempre.

Wyda despierta y como resorte corre a la puerta, hace a un lado la lona y mira hacia la reja. Todos duermen, los soldados que hacen guardia juegan cartas y algunos otros quedan sentados sobre sus cascos vencidos igual por el cansancio. Papa esta cerca lo sabe, tal vez ahora mismo le este mirando. Sale un poco mas agita sus brazos haciendo senales a la oscuridad del bosque, pero nada, esta noche papa no llega.

De pronto, en el cielo negro sucede una intensa descarga blanca, por un segundo se ilumina todo. Wyda cubre sus ojos con sus manitas flacas y al volver abrirlos encuentra sobre la nieve una nube-vapor. Wyda escarba y a centimetros descubre una piedra, la mas rara de todas. La recoge con su gorra, revisa, examina, sonrie; sabe es regalo de papa.

2 rants...!:

Anónimo dijo...

Wyda es tan fascinante como su creador.
Puedo sentir cada experiencia, imaginar los rostros de todos, sentirme presente en la historia y hasta escuchar los sonidos que habitan en ella.



(Te dije ayer, dejé el gusto para entrar en la fascinación)

Un beso.

Dra. Kleine dijo...

Vine, vi y andaré humeando por aquí...

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